lunes, 31 de octubre de 2016

3er año: PROPOSICIONES INCLUIDAS

Introducción: PROPOSICIONES INCLUIDAS 

Las oraciones subordinadas son siempre constituyentes sintácticos de la oración principal, por lo que su clasificación tiene mucho que ver con la función sintáctica que desempeñan como constituyente sintáctico dentro de dicha oración principal.
Tipos de oraciones subordinadas
Desde el punto de vista de la sintaxis o función sintáctica de la oración subordinada, es común distinguir varios tipos de oraciones subordinadas:
  • Subordinadas sustantivas. Aquellas oraciones subordinadas que cumplen las funciones de un sintagma nominal (sujeto, complemento directo, complemento de preposición, etc.)
  • Subordinadas adjetivas. Incluyen una oración subordinada como parte de un sintagma nominal (sujeto o complemento). La oración relativa habitualmente está precedida por las palabras queel cualla cualquiencuyocuya, etcétera, y modifica el nombre de la oración subordinante o principal, como lo haría un adjetivo.
  • Subordinadas adverbiales (subdivididas en circunstanciales -de tiempo, lugar, modo y comparación- y lógicas -condicionales, causales, consecutivas, concesivas y finales-). Este tipo de oraciones modifican al verbo. Se clasifican de la misma manera que los complementos circunstanciales de la oración simple.
Función y tipos en español
En la gramática del español, tradicionalmente se han clasificado las oraciones subordinadas según el tipo de función que realizan dentro de la oración principal:
  • PIS: Proposiciones Incluidas Sustantivas:
Las hay de dos tipos:
  1. Las que no usan nexo porque van en infinitivo: "Decírselo fue mala idea".
  2. Las que usan verbo conjugado y sí usan nexo: "Que se lo dijeras fue mala idea".
"Le ordeno se presente inmediatamente en comandancia"; Estilo directo: "Pedro dijo: No es necesario". Estilo indirecto: "Pedro dijo que no era preciso".
La proposición subordinada puede desempeñar la función de:
Sujeto "Me disgusta que seas así"
objeto directo "Me dijo que iría a verte"
Atributo "Mi sueño es que tenga buena nota"
MI (del núcleo) "Tengo la sospecha de que van a decírselo"
Complemento del adjetivo "Estoy convencido de que aprobaré"
Complemento del adverbio "Ella estaba muy lejos de los que amaba"
  • PIAdjS: Proposiciones Incluidas Adjetivas: La proposición subordinada funciona como adyacente de su antecedente. El antecedente es un sustantivopronombre o elemento nominal que aparece en la proposición principal y al que se refiere el relativo.
Pueden ser especificativas o explicativas. En español éstas son explícitas y se introducen por un pronombre relativo que realiza una función sintáctica dentro de la oración subordinada: 
Especificativas: “El hombre [[queviste ayeres el presidente.”
Explicativas: "Los alumnos, que eran muy listos, acertaron la respuesta."
  • PIAdv: Proposiciones Incluidas Adverbiales: Las reconocemos porque podemos sustituirlas por un adverbio. Generalmente la proposición subordinada desempeña la función de complemento circunstancial de la proposición principal. Se clasifican en circunstanciales y no circunstanciales.
"He colocado el cuadro donde me dijiste".
  • Adjetivas sustantivadas: Cuando el pronombre relativo (que, cual, quién) que puede ir precedido de artículos, no tiene un antecedente expreso en la proposición.
"El que llamó era mi abuelo".
Subordinación adverbial circunstancial
Existen tres tipos:
  • Temporales o de tiempo: marcan una referencia temporal a la proposición principal. Van introducidas por cuandomientrasantes queantes de quedespués de queluego que, antes que, en seguida, primero al + inf....: Lo hice cuando me dijiste.
  • Locales o de lugar: marcan una referencia espacial con respecto a la proposición principal; van introducidas por donde, precedida o no de preposición: lo hice donde me dijiste.
  • Modales o de modo: muestran el modo como se ejecuta la proposición principal. Van introducidas por comosegúnconformecomo si: Lo hice como me dijiste.
  • Condicionales: señalan una condición necesaria e imprescindible para que se produzca la proposición principal, sus nexos son: si, en el caso de que, de + inf. etc.: No conduzcas si bebes.
  • Causales: señalan el origen lógico de la proposición principal, una explicación de la misma; sus nexos más frecuentes son: porque, ya que, puesto que, por + inf....: Bebo porque tengo sed.
  • Consecutivas: señalan la consecuencia o implicación lógica de la principal; sus nexos son: por tanto, así que, conque, de manera/modo/forma/ suerte que, luego, así pues, pues etc... Tengo sed, así que bebo.
  • Concesivas: señalan una consecuencia no esperada ni deseada, o menos lógica que las anteriores, una complicación más que una implicación, que no impide el cumplimiento de la proposición principal. Sus nexos son: aunque, por más que, a pesar de que, pese a que, con + inf. etc.: Iré aunque llueva.
  • Comparativas: comparan la igualdad, inferioridad o superioridad respecto a la proposición principal. Van introducidas por nexos discontinuos y el verbo va casi siempre elidido.
  • Finales: indican la consecuencia que está más allá de las otras consecuencias, la última más allá de las cuales no se espera ninguna, la aplicación, propósito o cometido de la proposición principal; sus nexos son: para que, a que, a fin de que, con el propósito/intención/fin/objeto/cometido/recado de que, para + inf. etc.: Vino para arreglar la puerta.

Ejemplos de oraciones subordinadas

  1. La película que me recomendaste es muy linda. (PIAdj especificativa)
  2. La señora, a quien ayudaste, es antipática. (PIAdj explicativa)
  3. Las sillas que estaban rotas las tiraron a la basura. (PIAdj especificativa)
  4. Los actores, que habían ensayado todo el día, salieron a saludar. (PIAdj explicativa)
  5. Juan, quien es mi carpintero, hizo ese mueble. (PIAdj explicativa)
  6. No cocines si no tenés todos los ingredientes. (PIAdv condicional)
  7. Voy porque me parece lo correcto. (PIAdv Causal)
  8. Tengo la duda de que haya entendido. (PIS MI)
  9. La regadera que me prestaste está rota. (PIAdj especificativa)
  10. Puse la mesa como me dijiste. (PIAdv modal)
  11. Andá aunque tengas sueño. (PIAdv concesiva)
  12. Las ventanas, que daban al frente, ya fueron reparadas. (PIAdj explicativa)
  13. Me encanta que te hayas decidido. (PIS OD)
  14. Los platos son servidos por sus cocineros. (COMPLEMENTO AGENTE)
  15. Aclaró que era preferible no confirmar nada. (PIS OD)
  16. En un barrio del sur, cuya ubicación no recuerdo. (PIAdj explicativa).
  17. Los chicos que habían desaprobado rindieron hoy. (PIAdj especificativa)
  18. Aquella mañana que me había quedado estudiando me rindió mucho. (PIAdj especificativa)
  19. Ramón, quien es mi vecino, regará las plantas mientras esté en Europa. (PIAdj explicativa).
  20. Mi profesora piensa tomar examen la próxima semana. (PIS OD)
  21. Las sombrillas que estaban abiertas se volaron con el viento. (PIAdj especificativa)
  22. El pueblo donde nací creció mucho en los últimos años. (PIAdv de lugar)
  23. La cartera está donde te dije que la había guardado. (PIAdv de lugar)
  24. Las novelas, aún de suspenso, no me atraen. (PIAdv concesiva)

Retórica en el debate de las armas

Argumentación y retórica

Peguémosle un vistazo a los siguientes fragmentos y busquemos los argumentos. ¿Cómo juega la retórica en estos debates y discusiones?

Armas: Daniel Scioli y Marcelo Santangelo

Averiguar: ¿qué le pasó a la familia Santangelo?

Debate Clinton-Trump. Ver desde minuto 7

Averiguar:
¿Qué es "la segunda enmienda"?
¿Qué es el RNA?

Para terminar...
Breve historia de los EEUU (subtitulado) Michael Moore

lunes, 11 de abril de 2016

2do2da T.T. El informe de Brodie

Extraído de El informe de Brodie- J.L. Borges

El informe de Brodie

[Cuento. Texto completo.]

Jorge Luis Borges


En un ejemplar del primer volumen de las Mil y una noches (Londres, 1840) de Lane, que me consiguió mi querido amigo Paulino Keins, descubrimos el manuscrito que ahora traduciré al castellano. La esmerada caligrafía -arte que las máquinas de escribir nos están enseñando a perder- sugiere que fue redactado por esa misma fecha. Lane prodigó, según se sabe, las extensas notas explicativas; los márgenes abundan en adiciones, en signos de interrogación y alguna vez en correcciones, cuya letra es la misma del manuscrito. Diríase que a su lector le interesaron menos los prodigiosos cuentos de Shahrazad que los hábitos del Islam. De David Brodie, cuya firma exornada de una níbrica figura al pie, nada he podido averiguar, salvo que fue un misionero escocés, oriundo de Aberdeen, que predicó la fe cristiana en el centro de África y luego en ciertas regiones selváticas del Brasil, tierra a la cual lo llevaría su conocimiento del portugués. Ignoro la fecha y el lugar de su muerte. El manuscrito, que yo sepa, no fue dado nunca a la imprenta.
Traduciré fielmente el informe, compuesto en un inglés incoloro, sin permitirme otras omisiones que las de algún versículo de la Biblia y la de un curioso pasaje sobre las prácticas sexuales de los Yahoos que el buen presbiteriano confió pudorosamente al latín. Falta la primera página.

"...de la región que infestan los hombres monos (Apemen) tienen su morada los Mlch1, que llamaré Yahoos, para que mis lectores no olviden su naturaleza bestial y porque una precisa transliteración es casi imposible, dada la ausencia de vocales en su áspero lenguaje. Los individuos de la tribu no pasan, creo, de setecientos, incluyendo los Nr, que habitan más al sur, entre los matorrales. La cifra que he propuesto es conjetural, ya que, con excepción del rey, de la reina y de los hechiceros, los Yahoos duermen donde los encuentra la noche, sin lugar fijo. La fiebre palúdica y las incursiones continuas de los hombres-monos disminuyen su número. Sólo unos pocos tienen nombre. Para llamarse, lo hacen arrojándose fango. He visto asimismo a Yahoos que, para llamar a un amigo, se tiraban por el suelo y se revolcaban. Físicamente no difieren de los Kroo, salvo por la frente más baja y por cierto tinte cobrizo que amengua su negrura. Se alimentan de frutos, de raíces y de reptiles; beben leche de gato y de murciélago y pescan con la mano. Se ocultan para comer o cierran los ojos; lo demás lo hacen a la vista de todos, como los filósofos cínicos. Devoran los cadáveres crudos de los hechiceros y de los reyes, para asimilar su virtud. Les eché en cara esa costumbre; se tocaron la boca y la barriga, tal vez para indicar que los muertos también son alimento o -pero esto acaso es demasiado sutil- para que yo entendiera que todo lo que comemos es, a la larga, carne humana.
En sus guerras usan las piedras, de las que hacen acopio, y las imprecaciones mágicas. Andan desnudos; las artes del vestido y del tatuaje les son desconocidas.
Es digno de atención el hecho de que, disponiendo de una meseta dilatada y herbosa, en la que hay manantiales de agua clara y árboles que dispensan la sombra, hayan optado por amontonarse en las ciénagas que rodean la base, como deleitándose en los rigores del sol ecuatorial y de la impureza. Las laderas son ásperas y formarían una especie de muro contra los hombres-monos. En las Tierras Altas de Escocia los clanes erigían sus castillos en la cumbre de un cerro, he alegado este uso a los hechiceros, proponiéndolo como ejemplo, pero todo fue inútil. Me permitieron, sin embargo, armar una cabaña en la meseta, donde el aire de la noche es más fresco.
La tribu está regida por un rey, cuyo poder es absoluto, pero sospecho que los que verdaderamente gobiernan son los cuatro hechiceros que lo asisten y que lo han elegido. Cada niño que nace está sujeto a un detenido examen; si presenta ciertos estigmas, que no me han sido revelados, es elevado a rey de los Yahoos. Acto continuo lo mutilan (he is gelded), le queman los ojos y le cortan las manos y los pies, para que el mundo no lo distraiga de la sabiduría. Vive confinado en una caverna, cuyo nombre es Alcázar (Qzr), en la que sólo pueden entrar los cuatro hechiceros y el par de esclavas que lo atienden y lo untan de estiércol. Si hay una guerra, los hechiceros lo sacan de la caverna; lo exhiben a la tribu para estimular su coraje y lo llevan, cargado sobre los hombros, a lo más recio del combate, a guisa de bandera o de talismán. En tales casos lo común es que muera inmediatamente bajo las piedras que le arrojan los hombres-monos.
En otro Alcázar vive la reina, a la que no le está permitido ver a su rey. Ésta se dignó recibirme; era sonriente; joven y agraciada, hasta donde lo permite su raza. Pulseras de metal y de marfil y collares de dientes adornan su desnudez. Me miró, me husmeó y me tocó y concluyó por ofrecérseme, a la vista de todas las azafatas. Mi hábito (my cloth) y mis hábitos me hicieron declinar ese honor, que suele conceder a los hechiceros y a los cazadores de esclavos, por lo general musulmanes, cuyas cáfilas (caravanas) cruzan el reino. Me hundió dos o tres veces un alfiler de oro en la carne; tales pinchazos son las marcas del favor real y no son pocos los Yahoos que se los infieren, para simular que fue la reina la que los hizo. Los ornamentos que he enumerado vienen de otras regiones; los Yahoos los creen naturales, porque son incapaces de fabricar el objeto más simple. Para la tribu mi cabaña era un árbol, aunque muchos me vieron edificarla y me dieron su ayuda. Entre otras cosas, yo tenía un reloj, un casco de corcho, una brújula y una Biblia; los Yahoos las miraban y sopesaban y querían saber dónde las había recogido. Solían agarrar por la hoja mi cuchillo de monte; sin duda lo veían de otra manera. No sé hasta dónde hubieran podido ver una silla. Una casa de varias habitaciones constituiría un laberinto para ellos, pero tal vez no se perdieran, como tampoco un gato se pierde, aunque no puede imaginársela. A todos les maravillaba mi barba, que era bermeja entonces; la acariciaban largamente.
Son insensibles al dolor y al placer, salvo al agrado que les dan la carne cruda y rancia y las cosas fétidas. La falta de imaginación los mueve a ser crueles.
He hablado de la reina y del rey; paso ahora a los hechiceros. He escrito que son cuatro: este número es el mayor que abarca su aritmética. Cuentan con los dedos uno, dos, tres, cuatro, muchos; el infinito empieza en el pulgar. Lo mismo, me aseguran, ocurre con las tribus que merodean en las inmediaciones de Buenos-Ayres. Pese a que el cuatro es la última cifra de que disponen, los árabes que trafican con ellos no los estafan, porque en el canje todo se divide por lotes de uno, de dos, de tres y de cuatro, que cada cual pone a su lado. Las operaciones son lentas, pero no admiten el error o el engaño. De la nación de los Yahoos, los hechiceros son realmente los únicos que han suscitado mi interés. El vulgo les atribuye el poder de cambiar en hormigas o en tortugas a quienes así lo desean; un individuo que advirtió mi incredulidad me mostró un hormiguero, como si éste fuera una prueba. La memoria les falta a los Yahoos o casi no la tienen; hablan de los estragos causados por una invasión de leopardos, pero no saben si ellos la vieron o sus padres o si cuentan un sueño. Los hechiceros la poseen, aunque en grado mínimo; pueden recordar a la tarde hechos que ocurrieron en la mañana o aun la tarde anterior. Gozan también de la facultad de la previsión; declaran con tranquila certidumbre lo que sucederá dentro de diez o quince minutos. Indican, por ejemplo: Una mosca me rozará la nuca o No tardaremos en oír el grito de un pájaro. Centenares de veces he atestiguado este curioso don. Mucho he vacilado sobre él. Sabemos que el pasado, el presente y el porvenir ya están, minucia por minucia, en la profética memoria de Dios, en Su eternidad; lo extraño es que los hombres puedan mirar, indefinidamente, hacia atrás pero no hacia adelante. Si recuerdo con toda nitidez aquel velero de alto bordo que vino de Noruega cuando yo contaba apenas cuatro años ¿a qué sorprenderme del hecho de que alguien sea capaz de prever lo que está a punto de ocurrir? Filosóficamente, la memoria no es menos prodigiosa que la adivinación del futuro; el día de mañana está más cerca de nosotros que la travesía del Mar Rojo por los hebreos, que, sin embargo, recordamos. A la tribu le está vedado fijar los ojos en las estrellas, privilegio reservado a los hechiceros. Cada hechicero tiene un discípulo, a quien instruye desde niño en las disciplinas secretas y que lo sucede a su muerte. Así siempre son cuatro, número de carácter mágico, ya que es el último a que alcanza la mente de los hombres. Profesan, a su modo, la doctrina del infierno y del cielo. Ambos son subterráneos. En el infierno, que es claro y seco, morarán los enfermos, los ancianos, los maltratados, los hombres-monos, los árabes y los leopardos; en el cielo, que se figuran pantanoso y oscuro, el rey, la reina, los hechiceros, los que en la tierra han sido felices, duros y sanguinarios. Veneran asimismo a un dios, cuyo nombre es Estiércol, y que posiblemente han ideado a imagen y semejanza del rey; es un ser mutilado, ciego, raquítico y de ilimitado poder. Suele asumir la forma de una hormiga o de una culebra.
A nadie le asombrará, después de lo dicho, que durante el espacio de mi estadía no lograra la conversión de un solo Yahoo. La frase Padre nuestro los perturbaba, ya que carecen del concepto de la paternidad. No comprenden que un acto ejecutado hace nueve meses pueda guardar alguna relación con el nacimiento de un niño; no admiten una causa tan lejana y tan inverosímil. Por lo demás, todas las mujeres conocen el comercio carnal y no todas son madres.
El idioma es complejo. No se asemeja a ningún otro de los que yo tenga noticia. No podemos hablar de partes de la oración, ya que no hay oraciones. Cada palabra monosílaba corresponde a una idea general, que se define por el contexto o por los visajes. La palabra nrz, por ejemplo, sugiere la dispersión o las manchas; puede significar el cielo estrellado, un leopardo, una bandada de aves, la viruela, lo salpicado, el acto de desparramar o la fuga que sigue a la derrota. Hrl, en cambio, indica lo apretado o lo denso; puede significar la tribu, un tronco, una piedra, un montón de piedras, el hecho de apilarlas, el congreso de los cuatro hechiceros, la unión carnal y un bosque. Pronunciada de otra manera o con otros visajes, cada palabra puede tener un sentido contrario. No nos maravillemos con exceso; en nuestra lengua, el verbo to cleave vale por hendir y adherir. Por supuesto, no hay oraciones, ni siquiera frases truncas.
La virtud intelectual de abstraer que semejante idioma postula, me sugiere que los Yahoos, pese a su barbarie, no son una nación primitiva sino degenerada. Confirman esta conjetura las inscripciones que he descubierto en la cumbre de la meseta y cuyos caracteres, que se asemejan a las runas que nuestros mayores grababan, ya no se dejan descifrar por la tribu. Es como si ésta hubiera olvidado el lenguaje escrito y sólo le quedara el oral.
Las diversiones de la gente son las riñas de gatos adiestrados y las ejecuciones. Alguien es acusado de atentar contra el pudor de la reina o de haber comido a la vista de otro; no hay declaración de testigos ni confesión y el rey dicta su fallo condenatorio. El sentenciado sufre tormentos que trato de no recordar y después lo lapidan. La reina tiene el derecho de arrojar la primera piedra y la última, que suele ser inútil. El gentío pondera su destreza y la hermosura de sus partes y la aclama con frenesí, arrojándole rosas y cosas fétidas. La reina, sin una palabra, sonríe. Otra costumbre de la tribu son los poetas. A un hombre se le ocurre ordenar seis o siete palabras, por lo general enigmáticas. No puede contenerse y las dice a gritos, de pie, en el centro de un círculo que forman, tendidos en la tierra, los hechiceros y la plebe. Si el poema no excita, no pasa nada; si las palabras del poeta los sobrecogen, todos se apartan de él, en silencio, bajo el mandato de un horror sagrado (under a holy dread). Sienten que lo ha tocado el espíritu; nadie hablará con él ni lo mirará, ni siquiera su madre. Ya no es un hombre sino un dios y cualquiera puede matarlo. El poeta, si puede, busca refugio en los arenales del Norte.
He referido ya cómo arribé a la tierra de los Yahoos. El lector recordará que me cercaron, que tiré al aire un tiro de fusil y que tomaron la descarga por una suerte de trueno mágico. Para alimentar ese error, procuré andar siempre sin armas. Una mañana de primavera, al rayar el día, nos invadieron bruscamente los hombres-monos; bajé corriendo de la cumbre arma en mano, y maté a dos de esos animales. Los demás huyeron, atónitos. Las balas, ya se sabe, son invisibles. Por primera vez en mi vida, oí que me aclamaban. Fue entonces, creo, que la reina me recibió. La memoria de los Yahoos es precaria; esa misma tarde me fui. Mis aventuras en la selva no importan. Di al fin con una población de hombres negros, que sabían arar, sembrar y rezar y con los que me entendí en portugués. Un misionero romanista, el Padre Fernandes, me hospedó en su cabaña y me cuidó hasta que pude reanudar mi penoso viaje. Al principio me causaba algún asco verlo abrir la boca sin disimulo y echar adentro piezas de comida. Yo me tapaba con la mano o desviaba los ojos; a los pocos días me acostumbré. Recuerdo con agrado nuestros debates en materia teológica. No logré que volviera a la genuina fe de Jesús.
Escribo ahora en Glasgow. He referido mi estadía entre los Yahoos, pero no su horror esencial, que nunca me deja del todo y que me visita en los sueños. En la calle creo que me cercan aún. Los Yahoos, bien lo sé, son un pueblo bárbaro, quizás el más bárbaro del orbe, pero sería una injusticia olvidar ciertos rasgos que los redimen. Tienen instituciones, gozan de un rey, manejan un lenguaje basado en conceptos genéricos, creen, como los hebreos y los griegos, en la raíz divina de la poesía y adivinan que el alma sobrevive a la muerte del cuerpo. Afirman la verdad de los castigos y de las recompensas. Representan, en suma, la cultura, como la representamos nosotros, pese a nuestros muchos pecados. No me arrepiento de haber combatido en sus filas, contra los hombres-monos. Tenemos el deber de salvarlos: Espero que el Gobierno de Su Majestad no desoiga lo que se atreve a sugerir este informe."
FIN