miércoles, 31 de agosto de 2011

El amor brujo para 5to año

Hola alumnos de 5to 1ra, les dejo este link para que lean y bajen a sus máquinas "La voluntad tarada", capítulo de El amor brujo. Fíjense si no les pasé el capítulo mediante pendrive.
Saludos
Prof. Laura Hermanoff
http://es.scribd.com/doc/50190605/arlt-roberto-el-amor-brujo

martes, 9 de agosto de 2011

Trabajo práctico sobre Fahrenheit 451 y análisis sintáctico

Niños de 2do 1ra y 2do 4ta, les copio las consignas para el trabajo práctico que tienen que entregar este jueves.
Saludos
Profe Laura Hermanoff


TP para el día 11 de agosto

1) Analizar.
Luis, mi querido amigo, dibuja y pinta. Él y Carlos pintan hermosos cuadros. Adoran dibujar a sus amigos. Afuera hace frío. Vienen las madres con camperas.

2) Sobre tus vacaciones, escribí:
A) Una oración unimembre.
B) Una con aposición.
C) Una oración con ST.
D) Una con PVC y MI.
E) Una con SEC.


3) Preguntas sobre Fahrenheit 451

a: ¿Por qué Fahrenheit 451 es ciencia ficción?
b: ¿Quiénes son los personajes principales?
c: ¿Cuál es el argumento general? (una hoja máximo)
d: transcriba un párafo en el que se aprecie la reflexión del autor sobre los medios de comunicación
e: Según su opinión, ¿la sociedad de fahrenheit se parece a la nuestra? Por qué sí y por qué no? Justifique con citas del texto.

domingo, 3 de julio de 2011

Para 5to año: Borges y la gauchesca En: Discusión (1932)

El Fausto ha sido muy diversamente juzgado. Calixto Oyuela, nada benévolo con los escritores gauchescos, lo ha calificado de joya. Es un poema que, al igual de los primitivos, podría prescindir de la im­prenta, porque vive en muchas memorias. En memorias de mujeres, singularmente. Ello no importa una censura; hay escritores de induda­ble valor —Marcel Proust, D. H. Lawrence, Virginia Woolf— que suelen agradar a las mujeres más que a los hombres... Los detractores del Fausto lo acusan de ignorancia y de falsedad. Hasta el pelo del ca­ballo del héroe ha sido examinado y reprobado. En 1896, Rafael Her­nández —hermano de José Hernández— anota: "Ese parejero es de color overo rosado, justamente el color que no ha dado jamás un pareje­ro, y conseguirlo sería tan raro como hallar un gato de tres colores"; en 1916 confirma Lugones: "Ningún criollo jinete y rumboso como el protagonista, monta en caballo overo rosado: animal siempre despre­ciable cuyo destino es tirar el balde en las estancias, o servir de cabal­gadura a los muchachos mandaderos". También han sido condenados los versos últimos de la famosa décima inicial:

Capaz de llevar un potro
a sofrenarlo en la luna.

Rafael Hernández observa que al potro no se le pone freno, sino bocado, y que sofrenar el caballo "no es propio de criollo jinete, sino de gringo rabioso". Lugones confirma, o transcribe: "Ningún gaucho su­jeta su caballo sofrenándolo. Ésta es una criollada falsa de gringo fan­farrón, que anda jineteando la yegua de su jardinera".

Yo me declaro indigno de terciar en esas controversias rurales; soy más ignorante que el reprobado Estanislao del Campo. Apenas si me atrevo a confesar que aunque los gauchos de más firme ortodoxia menosprecien el pelo overo rosado, el verso

En un overo rosao

sigue —misteriosamente— agradándome. También se ha censurado que un rústico pueda comprender y narrar el argumento de una ópe­ra. Quienes así lo hacen, olvidan que todo arte es convencional; tam­bién lo es la payada biográfica de Martín Fierro.
Pasan las circunstancias, pasan los hechos, pasa la erudición de los hombres versados en el pelo de los caballos; lo que no pasa, lo que tal vez será inagotable, es el placer que da la contemplación de la felici­dad y de la amistad. Ese placer, quizá no menos raro en las letras que en este mundo corporal de nuestros destinos, es en mi opinión la vir­tud central del poema. Muchos han alabado las descripciones del ama­necer, de la pampa, del anochecer, que el Fausto presenta; yo tengo para mí que la mención preliminar de los bastidores escénicos las ha contaminado de falsedad. Lo esencial es el diálogo, es la clara amistad que trasluce el diálogo. No pertenece el Fausto a la realidad argentina, pertenece —como el tango, como el truco, como Irigoyen— a la mito­logía argentina.

Más cerca de Ascasubi que de Estanislao del Campo, más cer­ca de Hernández que de Ascasubi, está el autor que paso a conside­rar: Antonio Lussich. Que yo sepa, sólo circulan dos informes de su obra, ambos insuficientes. Copio íntegro el primero, que bastó para incitar mi curiosidad. Es de Lugones y figura en la página 189 de El payador.

"Don Antonio Lussich, que acababa de escribir un libro felicitado por Hernández, Los tres gauchos orientales, poniendo en escena tipos gauchos de la revolución uruguaya llamada campaña de Aparicio, diole, a lo que parece, el oportuno estimulo. De haberle enviado esa obra, re­sultó que Hernández tuviera la feliz ocurrencia. La obra del señor Lussich apareció editada en Buenos Aires por la imprenta de la Tri­buna el 14 de junio de 1872. La carta con que Hernández felicitó a Lussich, agradeciéndole el envío del libro, es del 20 del mismo mes y año. Martín Fierro apareció en diciembre. Gallardos y generalmente apropiados al lenguaje y peculiaridades del campesino, los versos del señor Lussich formaban cuartetas, redondillas, décimas y también aquellas sextinas de payador que Hernández debía adoptar como las más típicas."

El elogio es considerable, máxime si atendemos al propósito na­cionalista de Lugones, que era exaltar el Martín Fierro y a su reproba­ción incondicional de Bartolomé Hidalgo, de Ascasubi, de Estanislao del Campo, de Ricardo Gutiérrez, de Echeverría.

(...)
La segunda —la del hiperbólico elogio— no ha realizado hasta hoy sino el sacrificio inútil de sus "precursores" y una forzada iguala­ción con el Cantar del Cid y con la Comedia, dantesca. Al hablar del coro­nel Ascasubi, he discutido la primera de esas actividades; de la segun­da, básteme referir que su perseverante método es el de pesquisar versos contrahechos o ingratos en las epopeyas antiguas —como si las afinidades en el error fueran probatorias. Por lo demás, todo ese ope­roso manejo deriva de una superstición: presuponer que determinados géneros literarios (en este caso particular, la epopeya) valen formal­mente más que otros. La estrafalaria y candida necesidad de que el

Martín Fierro sea épico ha pretendido comprimir, siquiera de un modo simbólico, la historia secular de la patria, con sus generaciones, sus destierros, sus agonías, sus batallas de Tucumán y de Ituzaingó, en las andanzas de un cuchillero de 1870. Oyuela (Antología poética hispano­americana, tomo tercero, notas) ha desbaratado ya ese complot. "El asun­to del Martín Fierro", anota, "no es propiamente nacional, ni menos de raza, ni se relaciona en modo alguno con nuestros orígenes como pue­blo, ni como nación políticamente constituida. Trátase en él de las do-lorosas vicisitudes de la vida de un gaucho, en el último tercio del siglo an­terior, en la época de la decadencia y próxima desaparición de este tipo local y transitorio nuestro, ante una organización social que lo aniqui­la, contadas o cantadas por el mismo protagonista."

La tercera distrae con mejores tentaciones. Afirma con delicado error, por ejemplo, que el Martín Fierro es una presentación de la pam­pa. El hecho es que a los hombres de la ciudad, la campaña sólo nos puede ser presentada como un descubrimiento gradual, como una se­rie de experiencias posibles. Es el procedimiento de las novelas de aprendizaje pampeano, "The Purple Land (1885) de Hudson, y Don Se­gundo Sombra (1926) de Güiraldes, cuyos protagonistas van identificán­dose con el campo. No es el procedimiento de Hernández, que presu­pone deliberadamente la pampa y los hábitos diarios de la pampa, sin detallarlos nunca —omisión verosímil en un gaucho, que habla para otros gauchos. Alguien querrá oponerme estos versos, y los precedi­dos por ellos:

Yo he conocido esta tierra
en que el paisano vivía
y su ranchito tenía,
y sus hijos y mujer.
Era una delicia el ver
cómo pasaba sus días.

El tema, entiendo, no es la miserable edad de oro que nosotros perci­biríamos; es la destitución del narrador, su presente nostalgia.

Rojas sólo deja lugar en el porvenir para el estudio filológico del poema —vale decir, para una discusión melancólica sobre la palabra contra o contramilla, más adecuada a la infinita duración del Infierno que al plazo relativamente efímero de nuestra vida. En ese particular, como en todos, una deliberada subordinación del color local es típica de Martín Fierro. Comparado con el de los "precursores", su léxico pa­rece rehuir los rasgos diferenciales del lenguaje del campo, y solicitar el sermo plebeius común. Recuerdo que de chico pudo sorprenderme su sencillez, y que me pareció de compadre criollo, no de paisano. El

Fausto era mi norma de habla rural. Ahora —con algún conocimiento de la campaña— el predominio del soberbio cuchillero de pulpería so­bre el paisano reservado y solícito, me parece evidente, no tanto por el léxico manejado, cuanto por las repetidas bravatas y el acento agresivo.

Otro recurso para descuidar el poema lo ofrecen los proverbios. Esas lástimas —según las califica definitivamente Lugones— han sido consideradas más de una vez parte sustantiva del libro. Inferir la ética del Martín Fierro, no de los destinos que presenta, sino de los mecáni­cos dicharachos hereditarios que estorban su decurso, o de las morali­dades foráneas que lo epilogan, es una distracción que sólo la reveren­cia de lo tradicional pudo recomendar. Prefiero ver en esas prédicas, meras verosimilitudes o marcas del estilo directo. Creer en su valor nominal es obligarse infinitamente a contradicción. Así, en el canto VII de La ida ocurre esta copla que lo significa entero al paisano:

Limpié el facón en los pastos,
desaté mi redomón,
monté despacio, y salí
al tranco pa el cañadón.

No necesito restaurar la perdurable escena: el hombre sale de ma­tar, resignado. El mismo hombre que después nos quiere servir esta moralidad:

La sangre que se derrama
no se olvida hasta la muerte.
La impresión es de tal suerte
que a mi pesar, no lo niego,
cái como gotas de juego
en la alma del que la vierte.

La verdadera ética del criollo está en el relato: la que presume que la sangre vertida no es demasiado memorable, y que a los hom­bres les ocurre matar. (El inglés conoce la locución kill his man, cuya di­recta versión es matar a su hambre, descífrese matar al hombre que tiene que matar todo hombre?.) "Quién no debía una muerte, en mi tiempo". le oí quejarse con dulzura una tarde a un señor de edad. No me olvidaré tampoco de un orillero, que me dijo con gravedad: "Señor Borges, yo habré es­tado en la cárcel muchas veces, pero siempre por homicidio".

Arribo, así, por eliminación de los percances tradicionales, a una directa consideración del poema. Desde el verso decidido que lo inau­gura, casi todo él está en primera persona: hecho que juzgo capital.

Fierro cuenta su historia, a partir de la plena edad viril, tiempo en que el hombre es, no dócil tiempo en que lo está buscando la vida. Eso algo nos defrauda: no en vano somos lectores de Dickens, inventor de la infancia, y preferimos la morfología de los caracteres a su adultez. Queríamos saber cómo se llega a ser Martín Fierro...

¿Qué intención la de Hernández? Contar la historia de Martín Fierro, y en esa historia, su carácter. Sirven de prueba todos los episo­dios del libro. El cualquiera tiempo pasado, normalmente mejor, del canto II, es la verdad del sentimiento del héroe, no de la desolada vida de las estan­cias en el tiempo de Rosas. La fornida pelea con el negro, en el canto VII, no corresponde ni a la sensación de pelear ni a las momentáneas luces y sombras que rinde la memoria de un hecho, sino al paisano Mar­tín Fierro contándola. (En la guitarra, como solía cantarla a media voz Ri­cardo Güiraldes, como el chacaneo del acompañamiento recalca bien su intención de triste coraje.) Todo lo corrobora; básteme destacar al­gunas estrofas. Empiezo por esta comunicación total de un destino:

Había un gringuito cautivo
que siempre hablaba del barco
y lo ahugaron en un charco
por causante de la peste.
Tenía los ojos celestes
como potrillito zarco.

Entre las muchas circunstancias de lástima —atrocidad e inutili­dad de esa muerte, recuerdo verosímil del barco, rareza de que venga a ahogarse a la pampa quien atravesó indemne el mar—, la eficacia máxima de la estrofa está en esa posdata o adición patética del recuer­do: tenía los ojos celestes como potrillito zarco, tan significativa de quien supo­ne ya contada una cosa, y a quien le restituye la memoria una imagen más. Tampoco en vano asumen la primera persona estas líneas:

De rodillas a su lao
yo lo encomendé a Jesús.
Faltó a mis ojos la luz,
tuve un terrible desmayo.
Caí como herido del rayo
cuando lo vi muerto a Cruz.

Cuando lo vio muerto a Cruz. Fierro, por un pudor de la pena, da por sentado el fallecimiento del compañero, finge haberlo mostrado.

Esa postulación de una realidad me parece significativa de todo el libro. Su tema —lo repito— no es la imposible presentación de todos los hechos que atravesaron la conciencia de un hombre, ni tampoco la desfigurada, mínima parte que de ellos puede rescatar el recuerdo, sino la narración del paisano, el hombre que se muestra al contar. El proyecto comporta así una doble invención: la de los episodios y la de los sentimientos del héroe, retrospectivos estos últimos o inmedia­tos. Ese vaivén impide la declaración de algunos detalles: no sabemos, por ejemplo, si la tentación de azotar a la mujer del negro asesinado es una brutalidad de borracho o —eso preferiríamos—una desesperación del aturdimiento, y esa perplejidad de los motivos lo hace más real. En esta discusión de episodios me interesa menos la imposición de una determinada tesis que este convencimiento central: la índole novelísti­ca del Martín Fierro, hasta en los pormenores. Novela, novela de orga­nización instintiva o premeditada, es el Martín Fierro: única definición que puede trasmitir puntualmente la clase de placer que nos da y que condice sin escándalo con su fecha. Ésta, quién no lo sabe, es la del si­glo novelístico por antonomasia: el de Dostoievski, el de Zola, el de Butler, el de Flaubert, el de Dickens. Cito esos nombres evidentes, pero prefiero unir al de nuestro criollo el de otro americano, también de vida en que abundaron el azar y el recuerdo, el íntimo, insospecha­do Mark Twain de Huckleberry Finn.

Dije que una novela. Se me recordará que las epopeyas antiguas representan una preforma de la novela. De acuerdo, pero asimilar el li­bro de Hernández a esa categoría primitiva es agotarse inútilmente en un juego de fingir coincidencias, es renunciar a toda posibilidad de un examen. La legislación de la épica —metros heroicos, intervención de los dioses, destacada situación política de los héroes— no es aplicable aquí. Las condiciones novelísticas, sí lo son.

jueves, 26 de mayo de 2011

La literatura gauchesca, resumen

Autora del resumen: Sofía Dominguez 5to 1ra año 2011, D.F.Sarmiento
La literatura gauchesca
Un fenómeno rioplatense”

La literatura gauchesca aparece en la zona del Río de la Plata, a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Su nombre proviene de ser el gaucho, el protagonista por excelencia de esta manifestación literaria. Desde la perspectiva del hombre de campo, dan la visión del mundo que lo rodea y aún del universo entero, recrean el habla propia del personaje. En general, es poesía autobiográfica, en parte, del protagonista, y en parte, del propio autor; y dialogada, con un interlocutor directo. Se alternan los motivos particulares con los grandes temas universales: el amor, la vida, la muerte, la amistad, etc.
La poesía gauchesca adquiere categoría literaria a partir de Bartolomé Hidalgo, Juan Baltasar Maziel, entre otros. Otro antecesor sería el mendocino Juan Gualberto Godoy, que compuso un diálogo conocido en la tradición oral cuyana con el nombre del Corro.

Cultores de la poesía gauchesca

Bartolomé Hidalgo: es el primer autor representativo de la literatura gauchesca, de donde surgirán las dos vertientes de esta poesía: una de tono festivo (para hacer reír), y otra denunciadora y combativa.
Estanislao del Campo: su poema “Fausto” es la transposición del argumento de la ópera del mismo nombre (basada en el poema de Goethe), que hace un paisano ingenuo, impresionado por una supuesta realidad. El conocimiento que tenía el autor sobre los gauchos era escaso e indirecto.
José Hernández: el 28 de noviembre de 1872, el diario “La República” anuncia la publicación de un folleto en versos gauchos, que tiene por título El gaucho Martín Fierro.

El momento histórico

Período que va de 1852 a 1872
1853: se dicta la Constitución Nacional, que posibilita la entrada al país del poblador extranjero, se le ofrece toda clase de facilidades. Al mismo tiempo, comienzan a operarse transformaciones en el campo político, económico y social. Se entra en una faz de progresismo europeo, que va reflejándose de a poco, la actitud del hombre de ciudad con respecto a la del hombre de campo. El gaucho se opone a la agresión que recibe, no sólo de la gente sino también de las autoridades.
No está preparado para defenderse por sí mismo, pero encuentra a quienes están dispuestos a luchar por él. Hernández intenta librar la última batalla escribiendo Martín Fierro.

Estructura

Se desarrolla un argumento que se apoya en tres temas fundamentales: la vida en la estancia, la vida en la frontera y la vida en la toldería.

El protagonista

Martín Fierro refleja el carácter y las pautas del comportamiento del gaucho, su modelo real. Conserva la fe religiosa, el culto del honor, el respeto por la mujer, el valor de la amistad, el desapego de la vida y el desprecio de la muerte. Su existencia se desarrolla en dos planos: el mundo épico (caballo, guitarra, amigos, armas) y el doméstico (mujer, hijos, casa hacienda). Como prototipo del gaucho, el héroe es cantor, rastreador, baquiano y circunstancialmente, gaucho malo. Los demás personajes se le asemejan en forma parcial.
Hernández logró trasladar el habla del gaucho a la lengua escrita, con todas sus particularidades e imperfecciones, y reproducir palabras rústicas. Esta lengua se afirma como idioma al quedar fijada en una literatura, por obra de los escritores gauchescos. Las modificaciones, con respecto a la lengua general, se producen por supresión de la consonante en la sílaba final de los participios y los adjetivos.

Conclusión

Martín Fierro, concebido en principio como un formidable alegato en defensa del hombre de campo, resulta un tratado de moral para el gaucho, un documento integral de la vida en la pampa y un poema genial por su contenido y por su forma, por la creación tipificadora de sus personajes, por la presencia constante de la llanura como natural telón de fondo; por los sentimientos y las ideas. En fin… la obra más argentina de nuestra literatura y la más universal


miércoles, 18 de mayo de 2011

¡Atenti 5to 1ra! Plan de trabajo, exposiciones y GRAN PRUEBA GRAN

El lunes terminamos con el trabajito sobre Martín Fierro en clase y hacemos un ejercicio de retórica para darle un cierre a lo que estuvimos hablando. Compren las fotocopias sobre argumentación en fotocopiadora.
Si hay clases, el miércoles leemos Santos Vega y lo trabajamos; si no, les dejo preguntas para que vayan orientados a la prueba.
El lunes 30 tenemos la prueba de primer trimestre.
Los chicos que exponen dijimos que era para el miércoles 25 de Mayo. El problema es que si es feriado, pasamos las exposiciones para la semana siguiente. El lunes 30 tenemos la prueba así que la fecha sería  miércoles 1 de junio.
Consigna para Juliana y Francisco: investigar la leyenda de Fausto desde su origen medieval, pasando por distintas versiones literarias hasta el Fausto de Estanislao del Campo.
Consigna para María y Abigail: Buscar diferencias y similitudes entre el Fausto de Estanislao del Campo y el Fausto de Goethe. Recomendación: busquen el argumento general de Fausto de Goethe y trabajen con eso; pero si lo quieren leer, ¡mucho mejor!
Recuerden que en la prueba entra:
 
Textos literarios:
La cautiva
el matadero
facundo Sarmiento cap.   1, 2, 5, 13 y 15
Una expedición a los indios ranqueles cap. 11, 16, 21 y 40.
Martín Fierro
Santos Vega
(Recuerden todas las preguntas que les dí para contestar y lean los textos buscándolas)
 
Textos teóricos:
"Sarmiento escritor" de Piglia
"Saber del otro. Escritura y oralidad en el facundo de Sarmiento" de Julio Ramos.
"El romanticismo en el Río de la Plata" de Noé Jitrik
La gauchesca
retórica: orígenes, partes del discurso, recursos argumentativos.

domingo, 15 de mayo de 2011

lunes 16 falto


Los de 2do 1ra y 2do 4ta lean el cuarto y el quinto viaje de Simbad el marino.Del primero hagan un cuadro sinóptico y del segundo un resumen. Para entregar, con nota, y los tomo en la prueba.

Los de 5to1ra lean la segunda parte del Martín Fierro y si quieren nota, respondan las preguntas abajo sobre:
  
A) IV al X: muerte de Cruz y episodio de la cautiva.
B) XIV al XVIII: El viejo Vizcacha: vida y consejos (el antihéroe)
D) Picardía, hijo de Cruz. : XXIV a XXVIII
E) Duelo entre Martín Fierro y el moreno, consejos de MF: XXX, XXXIII

Las preguntas son:
1) ¿En qué punto se parecen La cautiva de Echeverría con el episodio de la cautiva en Martín Fierro?
2) ¿Por qué El Viejo Vizcacha es visto como "el antihéroe"? Comparar con los consejos de Martín Fierro en E)
3) ¿Cuál es la denuncia social que se lleva a cabo en D?

Hagan el trabajo porque:
1: una de las preguntas va en la prueba
2: es interesante
3: es divertido
4: va con nota

saludos
Prof. Laura Hermanoff

martes, 10 de mayo de 2011

Análisis sintáctico: elementos que aparecen en el sujeto

ELEMENTOS DEL SUJETO

n: núcleo
md: modificador directo
ap: aposición
mi: modificador indirecto
cc: construcción comparativa

La    chica     hermosa
md      n            md                        Categorías sintácticas
det     sust         adj                        Clases de palabras

APOSICIÓN: n + , n,

Mi primo,        Rafael,             es un chico muy inteligente
md   n                  n
                       aposición
  1. "Beowulf, vasallo de Híglak, el héroe famoso, el príncipe wedra, guerrero en su yelmo..."
  2. "Manzanas, mandarinas, naranjas, pomelos, duraznos..."

A) ¿Se refieren a la misma cosa o a cosas distintas? Uno de los ejemplos tiene aposiciones y el otro no. ¿Cuál?

Indicar la aposición en los siguientes ejemplos:
  1. Foill, hijo de Nechtan, ...
  2. Zeus, el rey de los dioses, ...
  3. Los cíclopes, terribles criaturas soberbias, ...
  4. Daddy Yanqui, el nuevo fenómeno musical, ...
  5. El fútbol, pasión de multitudes, ...

Modificador indirecto: preposición + término

  1. El        gato con botas.
    Md          n     ns     n
               t
        MI
Hacer:
  1. El vestido sin mangas.
  2. Cronos de mente retorcida.
  3. El lápiz sobre la mesa.
  4. La goma bajo el escritorio.

¿Qué tipo de palabra son: "con", "sin", "de", "sobre" y "bajo"?

CONSTRUCCIÓN COMPARATIVA

Su cara           redonda como una luna                     es bella.
Md n                   md         ns    md     n
                                                 término
                                 construcción comparativa

Indicar la construcción comparativa en:

a) La luna, como la esfera luminosa del reloj de un edificio público.
b) El mar, como el sudor de un gigante.
c) Tu silencio, claro como una lámpara, simple como un anillo.

¿Qué palabra tienen todas estas construcciones en común?